Rápido, de golpe, sin dar tiempo a las reconsideraciones,
remuevo el cerrojo de las celdas de mis heteronomías.
Me quito el vestido del yo que se deshace en el aire.
Ahora soy quien descubrió a Pessoa,
y luego quien lo escondía.
A veces soy el que escribe poesía,
después quien nunca la comprendería.
De pronto...
I.
Recibir el día nunca fue tan difícil:
siempre disfruté de las ventajas de no ser alguien completo:
sólo un miembro de una constelación de perspectivas.
Pero hoy es diferente, hoy cargo con todos los nombres.
II.
Siempre soñé que algún día sería libre.
Imaginaba la sensación de abordarlo todo
sin los remordimientos de los otros,
sin vergüenzas y sin culpa.
Ahora no sé por dónde empezar.
Pensé que los miedos no eran míos.
[Fragmento]