viernes, 15 de diciembre de 2017

Me fascina la posibilidad de no volver a enontrarme.
A veces me pierdo y
se siente como liberarse.
¿Y si no tuviera un pasado que hacer valer?
¿Y si mi fututo ya no fuera mío,
sino de quien estire la mano cuando llegue?
A veces,
me abandono, me voy,
y sólo me retomo en el último
momento.

Me cuento una historia,
y de tanto escucharla ya no sé si la recuerdo.
Porque si sólo recuerdo,
sin nudos, sin trama,
recuerdo distinto.

¿Qué me pasa si recuerdo?
Recordar debe tener consecuencias.
Debe desgastar algo que somos,
que debemos cuidar.
Como si abusar del recuerdo
te arruinara de alguna manera.

¿Conocerme?
Si sé quién soy.
Pero, ¿quién era?
Temo que si sigo preguntando
se me escape de las manos
el último tramo de la cuerda
y me vaya flotando.

domingo, 7 de julio de 2013

El explorador perdido

Me detengo,
volteo la cabeza para revisar el camino recorrido,
inspecciono el terreno,
reviso mis recursos.

Entonces intento ubicarme en mi mapa
lleno de anotaciones que ya no reconozco.
Advertencias, recomendaciones, borrones
y marcas que no significan ya nada para mí.
Caminos trazados que se cruzan con nuevos caminos descubiertos.

Hay además un espacio inabarcable que supera mis registros.

Intento mantener mi mapa actualizado,
dibujando las siluetas de nuevas cordilleras,
retratando mis encuentros y desencuentros,
corrigiendo mis indicaciones.

Este viaje parece una condena indefinida
de derivas y redescubrimientos,
de valores efímeros y destinos esquivos.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Rápido, de golpe, sin dar tiempo a las reconsideraciones,
remuevo el cerrojo de las celdas de mis heteronomías.

Me quito el vestido del yo que se deshace en el aire.

Ahora soy quien descubrió a Pessoa,
y luego quien lo escondía.
A veces soy el que escribe poesía,
después quien nunca la comprendería.

De pronto...

I.

Recibir el día nunca fue tan difícil:
siempre disfruté de las ventajas de no ser alguien completo:
sólo un miembro de una constelación de perspectivas.

Pero hoy es diferente, hoy cargo con todos los nombres.

II.

Siempre soñé que algún día sería libre.
Imaginaba la sensación de abordarlo todo
sin los remordimientos de los otros,
sin vergüenzas y sin culpa.

Ahora no sé por dónde empezar.

Pensé que los miedos no eran míos.

[Fragmento]

sábado, 7 de enero de 2012

Te amo deliberadamente, como el primer rayo de sol. Lejano como estrella y de cerca cuando hacemos el amor. Te amo toda la vuelta del reloj y de regreso. Dormido soñando, caminando despacio. Te amo con los ojos, con los atardeceres, con un beso robado y un baile improvisado. Te amo de verde y de mezclilla, temprano y demorado.

Te amo como un loco que anda suelto y finje que te ama con cordura para que no lo alejen de ti. Te amo como alas de colibrí, como cola de cometa, como lluvia de estrellas. Te amo libre y libertaria, en silencio en la mañana. Te amo nocturna y taciturna, festiva y despeinada.

Te amo espontáneamente, como verdad revelada epifánicamente. Y también te amo artísticamente, con años de práctica encaminada.

Te amo suave como la seda, intensa como volcán. Como niño te amo, puro y desenfrenado; como viejo te amo, a tiempo y con cuidado. Te amo a flor de piel y a media tarde. Sonriendo encantado, recostado pensando. Te amo en el jardín, en la casa, en la biblioteca. Te amo aquí y en cualquier rincón del planeta.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Por cierto desierto.

Por cierto desierto
persigue su fe,
mitigando su sed con espinas.

Tormentas de arena
erosionan su piel
y despiertan sus viejas heridas.

Maldice los ojos que no pueden ver
y las ansias que no ha de beber.

Le siguen recuerdos que intenta perder
entre dunas sin juicio y sin ser.

Por cierto desierto
camina en silencio
tentado por siempre a volver.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Madurar.

Siempre me he opuesto a la visión de la vida como sacrificio. Me niego a creer que se vive cuesta arriba, sufriendo el reloj. No me siento desterrado del Edén. Me identifico más bien con aquellos que de día disfrutan el sol y de noche las estrellas.
 
Aunque la verdad es que con esa actitud me he topado con mil y un problemas. No quiero ser malentendido, no estoy declarando una renovación de principios. Estoy más bien lidiando con esto de crecer. Y es que el verbo madurar es un laberinto.

Por una parte, no significa perder la inocencia o la alegría. Creo que se trata de dejar la ingenuidad y asumir las consecuencias que tienen nuestras acciones. Empezar a preguntarnos qué efectos tiene nuestro estilo de vida en nosotros y en los otros. Entender nuestros hábitos y análizar nuestras elecciones. Proyectar nuestras opciones a presente y a futuro, y empezar a tomar decisiones.

La inmadurez es vivir a la deriva; es no preguntarnos en qué nos convertiremos si vivimos como vivimos; es asumir la ingenuidad de conocer nuestros sueños, y seguir imaginando que la corriente nos llevará hasta ellos. La inmadurez es vivir por inercia.

Crecer significa cambiar, cambiar significa actuar, actuar significa decidir, decidir significa madurar. No quiero ser de esas personas que envejecen tanto y crecen tan poco.

Decidir es elegir, y en cada elección se deja algo en el camino. Puede verse como un sacrificio, pero yo me identifico con quienes disfrutan las estrellas.

11/12/11

sábado, 29 de octubre de 2011

Mi vida estalla con tu vida.
A tu lado, perdido, iluminado,
en un desierto
inventando primaveras.

Mi corazón se impulsa con tus latidos.
Acelerado, nocturno, taciturno,
pulso a pulso
conquistando cordilleras.

Mi cuerpo sigue el camino de tu cuerpo.
En lo más alto y en lo profundo,
busca secretos
recorriendo tu silueta.

Mi ser se llena de tu presencia.
Coincidencia con un toque de destino,
improvisado
o escrito en las estrellas.