domingo, 9 de octubre de 2011

Discurso del hijo pródigo.

I.

Cayó de mis manos la última razón podrida,
una de esas con las que alimentaba a mis demonios.

Cayó y ennegreció el suelo que pisaba,
y hasta entonces me di cuenta de dónde me encontraba:

Fuera de mí, en algún rincón oscuro de la vida.
En un perdido refugio, en la más negra guarida.

Protegiendo a mis demonios,
mendigando sustento.

De cómo llegué allí no tengo historias ni recuerdos.

Estaba siempre aislado,
con los ojos cerrados,
ignorando a los cielos que siempre me guiaron
con su luz de luna mía,
con sus astros siempreclaros.

Me vi en esos momentos tan equivocado.

Cayó de mis manos mi última razón podrida,
me vi con mis demonios muriendo de hambre,
y decidí seguir estrellas, lunas distantes.

(...)

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